L'Orfeo. Crítica Imprimir
Escrito por José R. Díaz Sande.   
Lunes, 05 de Abril de 2010 16:48

L'ORFEO
[2008-05-29]

L'Orfeo de Claudio Monteverdi con texto de Alessandro Striggio, no es ópera al uso, al menos a lo que estamos acostumbrados.


L’ORFEO
(L'Orfeo, favola in musica, SV 318,
o La Favola d'Orfeo,
o The Legend of Orpheus)

Título: L’Orfeo (Favola in musica en un prólogo y cinco actos, 1607)
Música: Claudio Monteverdi
Libreto: Alessandro Striggio
Escenógrafo y figurinista: Pier Luigi Pizzi
lluminador: Sergio Rossi
Coreógrafo: Gheorghe Lancu
Nueva producción del Teatro Real, en coproducción con el Teatro La Fenice de Venecia
Coro y orquesta: Les Arts Florissants,
con la participación de Les Sacqueboitiers
Percusionista: Sergey Saprychev
Intérpretes:
Dietrich Henschel (Orfeo, 
barítono), Maria Grazia Schiavo (Eurídice/Proserpina/La música, soprano), Sonia Prina (La mensajera, La Esperanza (contralto), Luigi De Donato (Caronte,bajo) Antonio Abete (Plutone, bajo), Agustín Prunell-Fríend (Apolo, tenor), Hanna Bayodi-Hirt (Ninfa), Xavier Sabata (Pastor I), Cyril Auvity (Pastor II/Espíritu I), Juan Sancho (Pastor III/ Espíritu II), Jonathan Sells (Pastor IV/Espíritu III, Ludovic Provost (Eco).
Director musical: William Christie
Director de escena, escenógrafo y figurinista: Pier Luigi Pizzi
Estreno en Madrid: Teatro Real, 13-05-2008



FOTOS: JAVIER del REAL

L’Orfeo de Claudio Monteverdi con texto de Alessandro Striggio, no es ópera al uso, al menos a lo que estamos acostumbrados. Es opinión común que con ella se inicia el género operístico, y al haberse cumplido 400 años en el 2007, el Teatro Real ha creído conveniente volver a ella.
 


SONIA PRINA/DIETRICH HENSCHEL
FOTO: JAVIER del REAL
No es ópera al uso, porque, ya en su época, se trataba de una composición peculiar que algunos piensan escrita más para escucharla que para verla escénicamente y por lo tanto alejada de la representabilidad, aspecto que sí tendría más en cuenta Monteverdi en sus obras posteriores como son Il ritorno d’Ulisse in Patria, L’incoronaziones di Poppea – ambas programadas por el Teatro Real en las temporadas sucesivas para completar la Trilogía de Monteverdi – y la ópera perdida Le nozze di Enea con Lavinia.

 


MARIA GRAZIA SCHIAVO/
DIETRICH HENSCHEL
FOTO: JAVIER del REAL
Las crónicas relatan que la representación se hizo en uno de los salones del Palacio Ducal de Mantua. De todos modos, al relatarnos una historia (Favola con música), existe una dramatización más allá del mero concierto, aunque Monteverdi y Striggio la crearon para un espacio que no era el teatro.

 

En esta versión de Pierre Luigi Pizzi, el director artístico, esto se tiene en cuenta y nos lleva a los espectadores a aquel 1607 espacial en que Vicenzo Gonzaga I, duque de Mantua y Monferrat, escuchaba con su corte y amigos este Orfeo. Pizzi no viste escénicamente el ambiente Pastoril o el Hades, que son los dos grandes lugares de la narración, sino que opta por reproducir el salón del Palacio Ducal, según los cánones de la época ya que no se conserva vestigio arqueológico del lugar. Y puestos en esa línea también nos trae del pasado a los músicos, que no es orquesta al uso operístico, sino que es un reducido grupo de músicos con instrumentos cercanos a los del compositor. Ello lleva a que su ubicación huya del habitual foso y se sitúe casi a la altura del escenario. También, fiel esa evocación, los músicos, incluido el director Wiliam Christie, visten con los trajes de entonces. Pero toda esta reconstrucción del vistoso vestuario se ciñe a la primera parte que abarca la fábula pastoril. El descenso a los Infiernos, manteniendo el mismo espacio, cambia en vestuario hacia un casi un uniforme en negro, tanto en los músicos como en los intérpretes. Ellos pantalón y camisa, y ellas vestido corto. Así pues el brillante colorido – alusión a la fiesta amorosa - domina la primera parte y el negro – alusión al tenebrismo del Hades – protagoniza la segunda.


FOTO: JAVIER del REAL
Este cambio de “look”, por llamarlo de alguna manera, parece intentar manifestar el contraste entre la alegría primera de los enamorados, amigos, ninfas y dioses, y la desgracia acaecida con la muerte de Eurídice. Orfeo desciende a la negrura de los infiernos, pero también se pretende acercar la fábula al hombre de hoy en esa dimensión universal de la pérdida de la persona amada – o cualquier otro ser querido – y la posibilidad de un reencuentro. El final feliz que pone Monteverdi con la solución de que el dios Apolo, padre de Orfeo, invita a su hijo a subir al Olimpo y encontrarse con su amada Eurídice, lo aprovecha  Pizzi para que esa buena nueva llene de alegría a todos y haya un intercambio entre todos los participantes. Si durante esta versión músicos y actores conviven casi espacialmente, aquí la fusión llega al máximo. La proximidad de unos y otros se favorece con la escalinata palaciega que sube desde el patio de butacas.

L’Orfeo es la primera ópera en cuanto que la música de Monteverdi va más allá de la mera ilustración. Es ella misma, con su partitura, la que intenta la dramaticidad, así como el uso de los diversos instrumentos que contemplan también este carácter personal y dramático en cada situación y momento. Algo que un tipo de ópera posterior tendrá en cuenta pero que aquí aparece por vez primera. No hay que esperar una estructura de arias y recitativos. Más bien toda la composición se asemeja a un recitativo amplio al que se le puede aplicar el concepto de un recitativo cantado y prolongado, de ahí que el espectador tiene que cambiar un tanto el “chip” habitual.

Lo más llamativo es el conjunto de sonidos orquestales con los instrumentos, cercanos a los originales, que crean una atmósfera, no solamente dramática – Monteverdi se ocupa de cada instrumento o conjunto de instrumentos reflejan un ambiente o un espacio -, sino evocadora de otros tiempos. Lo mismo sucede con el canto, tanto en los solistas como en el coro que funciona con un colorido unitario y de gran belleza. Responsables de ellos son el grupo Les Arts Florisants, que muestran la grata experiencia de un largo recorrido anterior.

En su estreno los personajes femeninos como son La música, Proserpina y La Mensajera, así como Eurídice fueron encomendados a castrati. Aquí la voz de los castrati – hoy prácticamente inexistente - se encomienda a la tesitura de soprano – Maria Grazia Schiavo, que interpreta a Eurídice, Proserpina y La música -  y contralto – Sonia Prina, que interpreta a La Mensajera y La Esperanza. La tesitura de tenor en el original para Orfeo, se pasa al barítono, que interpreta el barítono lírico alemán Dietrich Henschel. Tanto María Grazia Schiavo como Sonia Prina, no solamente muestran una gran empatía con el estilo, sino que son dúctiles y eficaces en sus interpretaciones. Dietrich Henschel impecable como cantante, posee elegancia, una gran versatilidad como intérprete y sabe entraren comunión con el público.
ANTONIO ABETE
FOTO: JAVIER DEL REAL

Si la parte musical, la concepción escénica de Pizzi, ingeniosa y apabullante como sucede con la aparición desde el foso del Palacio al son de la trompetería, son atractivas, así como el conjunto coral e instrumental, no deja de notarse cierta monotonía en algunos momentos desde el punto de vista dramático. De alguna manera hay que trasladarse a la época en que se escribió. Y transportados a  ese momento, descubrimos a Monteverdi como poseedor de un gran dominio del sonido de cada instrumento. William Christie ha sabido rescatar esa faceta y entregarnos una partitura realmente bella, con unos sonidos orquestales muy evocadores. Voces, sonidos y espacio resucitan, acertadamente a Claudio Monteverdi.


José Ramón Díaz Sande
Copyright©diazsande


FOTO:
BOGUSŁAW TRZECIAK

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Última actualización el Sábado, 08 de Mayo de 2010 11:05