The perfect American. Ópera. T. Real. Crítica Imprimir
Escrito por José R. Díaz Sande   
Martes, 12 de Febrero de 2013 15:42
THE PERFECT AMERICAN
PARTITURA SUBYUGANTE,
PUESTA EN ESCENA ATRACTIVA
 
 
 CHRISTOPHER PURVES / DONALD KAASCH
FOTO: JAVIER DEL REAL
Estreno mundial de The Perfect American (El perfecto Americano) en el Teatro Real de Madrid. Nació para Nueva York, pero se hicieron con ella Madrid y Londres. En principio cuenta con varios alicientes: la música de Philip Glass, más prodigada en bandas sonoras cinematográficas y conciertos que en el mundo operístico, lo cual lleva a la curiosidad de cómo se mueve Glass en este terreno, y el libreto que se centra en la polémica figura de Walt Dysney, un tanto denostado en esto últimos tiempos por una crítica que ha puesto en tela de juicio el modo de traducir los legendarios cuentos, al barnizarlos de desmesurada azúcar y aprovecharlos para propagar una mentalidad conservadora.
 
The Perfect American, en su estructura dramática, emparenta con narraciones cinematográficas como Ciudadano Kane de Orson Welles, 8 y medio Fellini que Bob Fose tradujo en musical bajo el título de All the Jazz. El ser humano, prostrado en la cama de un hospital ante las puertas del más allá o de la nada, revive toda su vida. De 8 y medio y Fellini posee el mundo onírico de los recuerdos a base de escenas que caminan continuamente de delante hacia atrás. De Ciudadano Kane toma el análisis acerca de Kane y su imperio, mediante testimonios, diversos y controvertidos, poniendo en la picota el mito América y su aparente vida feliz. El mismo título The Perfect American, no deja de ser una ironía.
 
El argumento está tomado de la novela de Peter Stephan Jungk Der König von Amerika (El Rey de América). A partir de ella Rudy Wurlitzer ha estructurado el libreto que cuenta con un alto porcentaje de soliloquios de carácter expositivo ante los espectadores, como si de un narrador novelista se tratara. Al reducir considerablemente la relación interactiva entre los personajes proporciona al conjunto cierta pesadez. A veces esta función narrativa se encomienda al Coro, reminiscencia del Coro griego, y resulta más digerible el hilo narrativo, sobre todo porque las intervenciones corales poseen un alto grado de musicalidad y expresividad sonora.
 
La partitura que Philip Glass compone, sigue de lejos su tradicional línea de secuencias repetitivas, pero que, en este caso, poseen una mayor progresión hasta el punto de resultar muy expresivas. Hay momentos de gran inspiración y adecuación a la narración, así como sabe crear una cierta atmósfera hipnótica y onírica que se acopla bien al tema narrativo.
 
La historia tiene como emblema y "leiv motiv" el pueblo de Marceline, cuna idílica de Walt Dysney, y que recuerda el Rosebud de Ciudadano Kane. Marceline es símbolo de sus años felices y vida sana como si fuera la Arcadia Clásica, la cual se vio reflejada en varias de sus películas. A base de idas y venidas - propio de los recuerdos y del mundo onírico - recorremos la vida de Walt Disney y la creación de su gran empresa, en la que los contratos, para con sus empleados, eran draconianos y se les exigía renunciar a los derechos de autoría de los dibujos en provecho de Disney que alimentaba su tremendo ego. La realidad que desvela The Perfect American, es que Walt Disney termina por ser la inspiración lejana y padre putativo de todos los personajes animados, cuyos padres biológicos eran sus dibujantes a quienes Walt robó sus bebés.
 
The Perfect American es ópera con libreto de no fácil puesta en escena, que requiere una gran imaginación por parte del director y del escenógrafo. Esta puesta en escena es lo más fascinante del espectáculo ofrecido en el Teatro Real. Se ha sabido traducir el controvertido mundo empresarial de Disney con diversos elementos virtuales y reales. Acertada la traducción de los dibujantes de Disney a través de los figurantes, y la evocación del mundo Disney centrado en el arte del dibujo sin caer en la facilonería de acudir a los tópicos de Mikey Mouse y demás familia animada en una traducción mimética, aunque según informaciones el no recurrir a los muñecos Disney se debe a una decisión pecuniaria: evitar los derechos de autor. De todos modos, sea cual sea el origen se ha sabido encontrar la traducción, la cual posee la virtud de la evocación más allá del mero trazo tradicional. Otro gran acierto es la evocación onírica.
 
En todos estos aciertos plásticos sorprende menos, la creación del pueblo arcádico Marceline. La acotación en el libreto es: "Un pueblo bucólico e inocente, un tiempo fuera del tiempo, en el corazón de Estados Unidos".  Tal ambiente, plásticamente, no aparece, ya que, en general, todo el espectáculo se inclina a cierto tenebrismo, en el que el colorido no abunda.
 
Se percibe una buena dirección de actores por parte de Phelim McDermott. Los cantantes responde bien a los desplazamiento trazados, al igual que el Coro. Todos resultan muy creíbles y están liberados del corsé que, a veces, obliga el canto.
 
En la tesitura vocal abundan las voces graves: barítonos, bajos-barítonos son los personajes de Walt Disney (Chrisopher Purves), su hermano Roy (David Pittsinger) y el personaje de Abraham Lincoln (Zachary James), mientras que en las mujeres está más repartido, mezzosopranos y sopranos. Dos de los personajes prefieren la cuerda de tenor como son el contestatario empleado Dantine (Donald Kaasch) y la breve paródica aparición de Andy Warhol (John Easterlin). Philip Glass ha jugado con toda la paleta vocal y muestra un buen dominio expresivo.
 
Llama la atención la voz de la joven soprano inglesa Rosie Lomas en el papel de Josh, el niño enfermo del hospital, por su limpieza, claridad y provista de un gran acento lírico que se adecua muy bien al personaje. Es una breve intervención pero muestra la exquisitez de su voz que se potencia con el contraste de la cuerda de barítono de Christopher Purves.
 
Otro de los que impactan musicalmente es Zachary James en el papel de Abraham Lincoln. Es un bajo-barítono de potente y segura voz. Donald Kaasch, como el contestatario Dantine que pide justicia, es un tenor de limpios agudos y voz segura. Los aplausos agradecieron su buena interpretación. El resto del reparto se mantuvo a buena altura. Por mayor protagonismo, sin desmerecer al conjunto, sobresalen el barítono Christopher Purves (Walt Disney) y Janis Kelly como Hazel George. En este panorama musical sobresale de forma llamativa la intervención del Coro, tanto por interpretación como por partitura.
 
Dennis Russell - muy familiarizado con el lenguaje de Philip Glass - dirige la orquesta, la cual responde con eficacia y consigue sacarle el mayor partido posible. Hay momentos en que la partitura orquestal se convierte en protagonista al ausentarse las voces y se descubre su buena ejecución.
 
The Perfect American fue contemplado por un público un tanto dividido y da la sensación de que vivió cierto desconcierto. La división no llego a manifestarse mediante el pateo, sino por el abandono de la sala, a oscuras, nada más caer el telón - miércoles 30 de enero de 2013- , y no parece que fuera premura de tiempo ya que la duración de este montaje es de unas dos horas. Este desconcierto también se manifestó en los aplausos que no brillaron por su generosidad y mantuvieron su tono monocorde. Solamente elevaron su volumen ante Donald Kaasch (Dantine) y Zazhary James (Lincoln). 
 
Si hubiera que destacar algo de este The Perfect American como nota sobresaliente, aparte de la impactante partitura en muchos momentos, es la capacidad del director escénico Phelim McDermott, que ha sabido encontrar la traducción escénica de un modo imaginativo llena de aciertos, lo cual, leyendo el libreto, no resulta fácil. Su poética ha conseguido evocar todo lo que supone el fenómeno Disney que va más allá de su personalidad individual.
 
Antes he mencionado la estructura narrativa cercana al cine. Teatro y cine son dos lenguajes diferentes, e historias oníricas y de ensoñación como ésta lo tiene más difícil el teatro. Phelim ha sido un artista en este aspecto.
 
The Perfect American es un gran espectáculo con una atractiva puesta en escena, una partitura que subyuga y una satisfactoria interpretación, cuya debilidad se encuentra en el libreto al abusar del elemento discursivo más que interactivo. He oído algún comentario cuyo interrogante era: "¿Qué diferencia hay entre este espectáculo y las comedias musicales de la Gran vía madrileña? - léase El Fantasma de la ópera, El Rey León...  Creo que hay diferencias sustanciales. En primer lugar la electrónica en orquesta y voces, que aquí no existe. La partitura exige voces líricas para todos los cantantes, lo cual en la comedia musical transcurre por otro tipo de tesituras y estilos. Es comprensible el que se dude en catalogarlo como ópera, ya que se aleja de la ópera tradicional e incluso de la llamada ópera moderna del s. XX. En el mundo de la ópera, como en otros mundos, siempre, los nuevos movimientos y estilos plantean el mismo interrogante. El tiempo configura un concepto más amplio de la ópera y supera estilos y modos de hacer con aciertos y fallos. Un ejemplo de esto se encuentra en Porgy and Bess. En su estreno se le definió como ópera folklórica. Años más tarde (1976) entró oficialmente en el mundo operístico.
 
Título: The perfect american (El Perfecto Americano)
Música: Philip Glass (1937)
Libreto de Rudy Wurlitzer, basado en la novela Der König von Amerika (El Rey de América) de Peter Stephan Jungk
Escenógrafo y figurinista: Dan Potra
Iluminador: Jon Clark
Coreógrafo: Ben Wright
Vídeo: Leo Warner (59 Productions)
Asistente del director musical: Carlos Chamorro
Asistente del director de escena: Susana Gómez
Dirección de animación: Joseph Pierce (59 Productions)
Maestros repetidores: Arnaud Arbet, Mack Sawyer
Estreno mundial: encargo del Teatro Real y de la English National Opera de Londres
Intérpretes: Christopher Purves (barítono) (Walt Disney), David Pittsinger (barítono-bajo) (Roy), Donald Kaasch (tenor) (Dantine), Janis Kelly (soprano) (Hazel George), Marie McLaughlin (mezzosoprano) (Lillian Disney), Sarah Tynan (soprano) (Sharon), Nazan Fikret (soprano) (Diane), Josh Rosie Lomas (soprano) (Lucy/Josh), Juan Noval-Moro (tenor) (Chuck /un médico), Zachary James (bajo-barítono) (Abraham Lincoln y Un empleado de la funeraria), Beatriz de Gálvez (soprano) (Una secretaria), John Easterlin (tenor) (Andy Warhol), Noelia Buñuel (soprano) (Una enfermera)
Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real (Coro Intermezzo y Orquesta Sinfónica de Madrid)
Actores
En colaboración con The Improbable Skills Ensemble: Ben Ash, Francis Christeller, Greig Cooke, Dom Czapski, Joel O’Donoghue, Rachel López de la Nieta, Marta Masiero, Hal Smith, Sarah Storer, Cree Dawn Barnett Williams
Director de animación: Joseph Pierce (59 Productions)
Director del coro: Andrés Máspero
Director musical: Dennis R. Davies
Director de escena: Phelim McDermott
Duración aproximada: Prólogo y Acto I: 1 hora , Pausa de 25 min., Acto II: 45 minutos
Estreno en Madrid: Teatro Real, 22 - I - 2013
Edición musical:The Perfect American, de Philip Glass
Libreto de Rudy Wurlitzer, basado en la novela de Peter Stephan Jungk Dunvagen Music Publishers (Nueva York)
 
 CHRISTOPHER PURVES / ROSIE LOMAS
 
 ZACHARY JAMES
FOTOS: JAVIER DEL REAL


José Ramón Díaz Sande
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Última actualización el Martes, 12 de Febrero de 2013 16:12