El triángulo azul.Ripoll. llorente. Crítica Imprimir
Escrito por Jerónimo López Mozo   
Sábado, 17 de Mayo de 2014 11:23

EL TRIÁNGULO AZUL
EL EXILIO DE LOS OLVIDADOS

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   FOTO: marcosGpunto

La Guerra Civil provocó que miles de españoles emprendieran el camino de exilio. La suerte que corrieron fue diversa. Algunos rehicieron sus vidas en los países que les acogieron y no pocos de ellos triunfaron profesionalmente. Otros regresaron cuando pudieron y hubo quienes se negaron a hacerlo mientras viviera el dictador, momento que para muchos llegó tarde. Sabemos bastante de la vida y milagros de los intelectuales, artistas y políticos más conocidos y no tanto de la de los ciudadanos de a pie cuyos nombres nada nos dicen. Es frecuente encontrar en América y en buena parte de Europa a hijos y nietos de republicanos que mantienen viva, aunque cada vez más débil, su memoria. De esa memoria que el Régimen quiso y en buena medida logró borrar  y que la democracia intenta recuperar superando la desidia oficial e inexplicables trabas, hay parcelas poco exploradas y otras que, a día de hoy, permanecen vírgenes. Es llamativo que el manto de silencio haya sido siempre más espeso en lo tocante al exilio protagonizado por los derrotados combatientes españoles que se quedaron en el viejo continente cuando sonaban ya con fuerza los tambores que anunciaban la segunda guerra mundial. Mientras la prensa franquista anunciaba a bombo y platillo la creación de la División Azul y daba cuenta de los supuestos éxitos de la cruzada contra el comunismo, nada se decía del paso de los supervivientes del ejército republicano por los campos de refugiados del sur de Francia ni de su incorporación a la resistencia. Tardamos mucho en saber que la columna Leclerc, que liberó París en 1944, estaba plagada de españoles. De otras cosas nos enteramos mucho más tarde y no siempre les prestamos la atención debida. Los horrores vividos en los campos de exterminio nazis estremecieron al mundo. También a los españoles, pero cuando supimos que entre las víctimas había compatriotas, apenas nos interesamos por las circunstancias que les habían llevado hasta allí, de cómo vivieron su reclusión, de cuantos perdieron la vida y qué fue de los supervivientes. Solo los sinceramente empeñados en recuperar la memoria de la reciente historia de España van rescatando del olvido esas páginas, analizándolas e invitando a reflexionar sobre su contenido. A esos propósitos responde esta obra, escrita al alimón por Laila Ripoll y Mariano Llorente, que versa sobre los republicanos españoles que, capturados por el ejército alemán en territorio francés, dieron con sus huesos en Mauthausen inmediatamente después de que el gobierno español, consultado al respecto, se desentendiera de su suerte.

El triángulo azuldescribe como se vivía y se moría en aquel infierno. Lo hace a través de los recuerdos de una de las personas que trabajó en el campo de concentración y que, por su rango y la función que desempeñaba, mejor informada estaba. Se trata de Paul Ricken, responsable de fotografiar a los prisioneros, a sus carceleros, a las autoridades nazis que visitaban Mauthausen y todo aquello que, sin ninguna excepción, sucedía en su interior, incluidas las ejecuciones. Por él sabemos que, para ayudarle a revelar y archivar aquel material destinado a la Gestapo, contaba con tres prisioneros españoles, dos de los cuales juegan un papel importante en la trama de la obra. En efecto, ellos son los protagonistas de la principal de las historias que componen este retablo escénico.  Desobedeciendo la orden de hacer cinco copias de los negativos, obtenían una más, que ocultaban y que, en un determinado momento, lograron sacar del laboratorio fotográfico de forma clandestina.  Actuando como correos, una prostituta gitana y uno de los presos que cada día salían del campo de concentración para trabajar en unas canteras cercanas, lograron que tan valiosos documentos gráficos llegaran al exterior. Durante el proceso de Nüremberg, sirvieron para probar los crímenes cometidos y poner rostro a sus autores. 

He calificado el espectáculo de retablo y lo es en la medida en que se trata de un conjunto de escenas que muestran la realidad de aquel museo de los horrores. En lo que tiene de evocación del pasado, cabe establecer algún vínculo estético y de contenido con el teatro de la muerte de Tadeusz Kantor. También los encontramos con Brecht por la incorporación, con efecto distanciador, de canciones satíricas y mordaces que conforman un espectáculo entre revista musical cutre y cabaré, que, haciendo burla de su desgraciada situación, interpretan los propios presos en la sala de cine habilitada para uso de los SS.  Pero el vínculo mayor es el que se establece con el teatro que, en su doble función  de autora y directora, viene construyendo Laila Ripoll, entre cuyos títulos esenciales figuran Atrábilis, Los niños perdidos y Santa Perpetua. Es un teatro primo hermano del de La Zaranda, al que cuadra la etiqueta de grotesco español y que bebe y se integra en una corriente alimentada por la escritura satírica y barroca de Quevedo, el esperpento valleinclanesco, las pinturas negras, Los disparates y Los desastres de la guerra de Goya, el expresionismo de Gutiérrez Solana y las estampas del álbum Galicia mártir de Castelao. Rastros de todo ello hay en El triángulo azul, consiguiendo que la brutal realidad de las imágenes proyectadas en las paredes del escenario sea superada por el sarcasmo de su representación escénica. Tal vez los momentos en que ese realismo deformado alcanza su máxima expresión sean la recreación cómica de un ajusticiamiento; la descripción jocosa que Paco, uno de los ayudantes de Ricken, hace de las atrocidades que contempla a través de un ventanuco; y las actuaciones musicales, incluidos los bailes agarrados de los reclusos y de un esqueleto que se les une, ejecutados con acompañamiento de acordeón, violín y clarinete.

En el espectáculo se alternan las escenas corales, en las que los actores representan a seres anónimos, y las protagonizadas por personajes con nombre y apellidos. Unas y otras están bien trabadas y se desarrollan con buen ritmo. Siete actores y tres músicos dan vida a víctimas y verdugos. Siendo tan escaso su número, aparentan ser muchos gracias a una cuidada y dinámica escritura de los movimientos.  Cuando el trabajo se individualiza, el de todos merece ser elogiado. Paco Obregón da vida a Paul Ricken, que actúa como narrador de lo sucedido dos décadas antes y, al hilo de su relato, trata de entender qué le llevo a él, un ser culto y sensible, a colaborar, so pretexto de servir a su patria, en aquella loca aventura que desembocó en planificada orgía de sangre. Durante el monólogo en el que evoca el pasado, transmite la imagen de un hombre resignado a no encontrar respuesta satisfactoria a sus preguntas, cuyo único consuelo es saber que sus fotos, aunque no fuera esa su voluntad, sirvieron para que el mundo conociera los hechos y para que se hiciera justicia. En las partes escenificadas de sus recuerdos, se nos muestra, primero, como el funcionario obediente obsesionado con hacer bien su trabajo, y, luego, como el hombre que planta cara, a riesgo de ser castigado por ello, al déspota oficial que dirige con mano de hierro el campo. Obregón afronta con emoción y talento sus papeles de relator y de testigo pasivo y, llegado el momento, con admirable contención el de rebelde que, sintiéndose caído en desgracia, abandona su habitual prudencia. El del oficial alemán, Martin Brettmeier, lo asume Mariano Llorente. El insensible, despreciable e implacable  tipo que dibuja podría parecer el más grotesco de los personajes si no supiéramos que es fiel retrato de tantos y tantos nazis que participaron con entusiasmo en el exterminio de millones de ciudadanos europeos.

José Luis Patiño es Toni, uno de los ayudantes de Ricken, con momentos conmovedores en ese papel, cuya versatilidad le permite afrontar con solvencia otros papeles de factura bien distinta, entre ellos el de cantante en la troupe musical. El otro ayudante del fotógrafo, Paco, lo interpreta Marcos León, el que espanta el miedo a base de humor negro, pero que no le rehúye, pues es el que desencadena el arriesgado proceso de poner a buen recaudo el material fotográfico hurtado. Manuel Agredano se mete en la piel de otro español, éste de mala baba, conocido como La Begún, que, de matar a presos franceses porque les odia, pasa a ser confidente y colaborador de las autoridades del campo y feroz enemigo de sus compatriotas, a los que tortura y delata. Hay en la obra dos personajes que  escapan a la deformación propia del grotesco,  cuya presencia aporta al espectáculo un contrapunto realista tan necesario como oportuno. Uno es Jacinto, casi un muchacho, inexperto y desconfiado, que se ve arrastrado a una empresa tan arriesgada como es la de sacar las fotos del campo. Jorge Varandela, es el intérprete de ese ser cargado de miedo y sin madera de héroe que acaba siendo brutalmente torturado y reducido a la condición de pelele. Oana, la prostituta, es el otro personaje. Estamos ante una criatura explotada sin piedad, pero a la que nada ni nadie le ha hecho perder la ternura que prodiga entre quienes la necesitan. Su ejecución sumaria a manos del bárbaro Brettmeier es sentida como el acto que la libera de una vida de infinito e insoportable sufrimiento. Una conmovedora y frágil Elisabet Altube, apenas velada su desnudez con una bata de batalla, borda un papel que parece hecho a su medida.     

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  FOTO: marcosGpunto

Título: El triángulo azul
Autores: Laila Ripoll y Mariano Llorente
Música: Pedro Esparza
Escenografía: Arturo Martín Burgos
Iluminación: Luis Perdiguero
Vestuario: Almudena Rodríguez Huertas
Videoescena: Álvaro Luna
Espacio sonoro: David Roldán "Oru"
Ayudante de dirección: Héctor del Saz
Producción: Centro Dramático Nacional.
Músicos: Carlos Blázquez, Carlos Gonzalvo, David Sanz 
Intérpretes: Manuel Agredano (La Begún), Elisabet Altube (Oana), Marcos León (Paco), Mariano Llorente (Berttmeter), Paco Obregon (Paul Ricken), José Luis Patiño (Toni), Jorge Varandela (Jacinto)
Dirección: Laila Ripoll
Duración: 2 horas y cuarto
Estreno en Madrid: Teatro Valle Inclán (Sala Francisco Nieva), 25 - IV- 2014


 

 

JERÓNIMO LÓPEZ MOZO
Copyright©lópezmozo

 


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Última actualización el Miércoles, 11 de Junio de 2014 10:37