Noche de Reyes. Crítica Imprimir
Escrito por Jerónimo López Mozo.   
Martes, 27 de Abril de 2010 19:15
NOCHE DE REYES
SHAKESPEARE EN ESTADO PURO

[2005-01-20]

Al director dublinés Denis Rafter le gusta el teatro clásico, muy especialmente el de Shakespeare, autor del que aprecia su profundo conocimiento del ser humano, la fuerza y belleza de sus textos y su dominio de la estructura dramática...

 


 

NOCHE DE REYES

SHAKESPEARE EN ESTADO PURO

Título: Noche de Reyes.
Autor: William Shakespeare.
Versión y traducción: Ángel García Suárez y Denis Rafter.
Dirección: Denis Rafter.
Escenografía: Pedro Muñoz y Denis Rafter.
Vestuario: Gabriela Salaverri.
Iluminación: Juanjo Llorens.
Ayudante de dirección: Diana Caro Rodríguez.
Intérpretes: Balbino Lacosta (Orsino, Duque Liria), Patricia Ortega Cano (Valentina, paje al servicio de Orsino), Manuela Paso (Olivia, condesa), Pilar Gómez Lozano (maría, doncella de Olivia), Jesús Fuentes (D. Tobías Gaseoso, tío de Olivia), Ángel García Suárez (Andrés de Carafrio, amigo de Tobías), Rafael Ramos, César Diéguez, Gladis Balaguer Mendoza (Viola, joven dama) e Israel Ruiz (Sebastián, hermano gemelo de Viola).
Producción: Gesteatral.
Estreno: Teatro Infanta Isabel, 20-XII-2004.

Al director dublinés Denis Rafter le gusta el teatro clásico, muy especialmente el de Shakespeare, autor del que aprecia su profundo conocimiento del ser humano, la fuerza y belleza de sus textos y su dominio de la estructura dramática. También le gusta la comedia, y buena prueba de ello la ha dado a lo largo de las tres décadas que lleva entre nosotros. En Noche de Reyes, su creación más reciente, se cuentan las peripecias de dos mellizos que se separan tras naufragar el barco en el que viajan frente a las costas de Iliria. Ambos se salvan, pero cada uno de ellos está convencido de haber sido el único que ha sobrevivido. A partir de ahí, se teje una historia de amor a varias bandas, llena de enredos, con personajes que se travisten, que fracasan en sus pretensiones, que se engañan entre ellos, que traman venganzas y que, a punto de estallar, se resuelve satisfactoriamente en unos minutos, como suele suceder en nuestro teatro aureo.

No sorprende que Dafner haya ofrecido esta pieza en la que se dan cita el dramaturgo que le apasiona y el género que le atrae. Tampoco que, manejando materia tan apreciada por él y que tan bien conoce, haya encontrado la oportunidad de trabajar con absoluta libertad creadora, lo que hace posible que el producto ofrecido venga a resumir su ideario teatral. “Hay que ser un niño para hacer teatro”, ha dicho. También que su intención es divertir al público. Pero para ello necesita divertir antes a los actores y, cuando actúan, que se perciba. En su opinión todo depende de ellos, en cuanto que tienen la tarea de transmitir la energía, el ritmo y la musicalidad de la obra. Son el puente imprescindible entre el texto y el público. Otra afirmación suya es que la escenografía es el actor. Y así sucede en esta puesta en escena, pues el decorado, siendo bello, es mínimo. Un baúl y un árbol caído cerca de una playa rodeados de un bosque de estrechos y altos conos de tela que, según se les ilumine, son árboles, figuras humanas, montes o velas de embarcaciones. Elementos suficientes para recrear los lugares en los que transcurre la acción. Otros elementos, como algunas vestimentas y, sobre todo, las máscaras, remiten a una geografía africana, en la que, tal vez, haya querido situar Rafter la imaginaria Iliria. Estamos, en definitiva, ante un espectáculo en el que todo gira en torno al trabajo de los actores y a su capacidad, en esta ocasión sobradamente demostrada, para adecuarse a los personajes que interpretan. Así sucede con Gladis Balaguer, en el papel de Viola, Manuela Paso en el de la condesa Olivia o Rafael Ramos en el de Malvolio, aunque, en justicia, todos los que componen el reparto reúnen méritos para figurar en esta relación. Es de alabar la claridad con que dicen el texto, la precisión con la que trasmiten el sentido de cada palabra, conscientes de su importancia. Tanta tiene para el director, que el texto de Shakespeare ha sido respetado íntegramente, asumiendo los inconvenientes de una representación que rebasa con creces la duración normal de un espectáculo.


Más información

           NOCHE DE REYES de SHAKESPEARE Y RAFTER - Entrevista


JERÓNIMO LÓPEZ MOZO
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