Otelo. Noviembre Cía Teatro. Crítica Imprimir

OTELO
INVOLUCRAR AL ESPECTADOR

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  DANIEL ALBADALEJO / CRISTINA ADUA
FOTO: www.madridteatro.net

La Compañía Noviembre Teatro dirigida por Eduardo Vasco, nos trae una versión de Otelo de William Shakespeare nada despreciable. Es más, muy atractiva y con un buen sentido del ritmo. Digo esto, porque cuando uno se compromete con los clásicos no siempre sale bien parado. Los fallos más frecuentes es que no nos enteremos bien del texto, o el ritmo vaya por anhelitos y decaiga. Todo esto se traduce, en sopor. Aquí tal sopor no existe, pues el hilván de escenas, a veces casi simultáneas, se logra con gran fluidez. No hay tiempos muertos, ni siquiera para las pequeñas traslaciones de la tramoya y "atrezzo" que están bien integradas en la representación. Hay una virtud más: el hacer partícipes a los espectadores, incluyéndolos en la tragedia, de un  modo sutil. Los espectadores no solamente somos "voyeuristas" de lo que sucede a los personajes, sino que nos llevan a encarnar al resto de los ciudadanos o de la asambleas. Ello se logra con un inteligente uso de los soliloquios. Descaradamente se dirigen al público mediante la mirada o el descendimiento al patio de butacas. Tal recurso quita el artificio del soliloquio - una convención teatral -, y entra con naturalidad.

Otelo es una tragedia como lo es Hamlet, Macbeth y El Rey Lear. En cada una de ellas Shakespeare analiza una pasión del alma humana. En Otelo, la pasión que analiza son los celos. Unos celos monstruosos que llegan al asesinato de Desdémona por manos de Otelo. Hoy se llamaría violencia de género. Y tal violencia Eduardo Vasco la ha sabido transmitir escénicamente, a través de una violencia física de Otelo contra Desdémona, cuando los celos comienzan a arder en su corazón. Pero si los celos son el eje de la historia, ello no quita que haya otras temáticas que dan origen a la pasión desorbitada de Otelo. Los celos surgen por la desconfianza, y ésta la crea Yago, motor de toda la obra. La crea no sin razón, puesto que proviene de una venganza, al no ser el preferido por Otelo para el cargo militar. Ello le lleva tejer hábilmente toda una sarta de mentiras que nos llevan a otro tema: la manipulación del ser humano hacia la maldad. Este aspecto manipulador y vengativo, parece ser el centro de esta versión. De hecho la figura de Yago, espléndidamente interpretada por Arturo Querejeta - llegamos a odiarlo -, tiene un protagonismo relevante, y me pareció percibir mayor texto y presencia escénica. Termina por ser el protagonista de esta versión, alrededor del cual deambulan todos los demás personajes.

Hay otra temática que se ha querido ver en Otelo: el rechazo del moro o el forastero. Traducido en otros términos, la xenofobia. Tal temática sólo puede considerarse como algo pasajero. Otelo es tratado por Shakespeare con amabilidad. No aparece como un villano, como se solían considerar, en su época, a las personas de piel oscura. Más bien es un ser piadoso y honrado, bien considerado por todos, salvo por Brabancio, el padre de Desdémona, que no llega a asimilar la fuga de su hija con Otelo. En esta versión parece que se ha querido universalizar el tema de los celos. Otelo (Daniel Albadalejo) no aparece caracterizado como un hombre de tez negroide, arquetipo usado en casi todas las versiones, incluyendo la ópera de Verdi. Eso monstruosos celos no se deben a cierto primitivismo racial, sino que pueden anidar en cualquiera de nosotros. Personalmente, creo que es un acierto, ya que no vemos al personaje tan distante de nuestra condición humana.  Por otro lado, en el texto se habla del Moro, que no conlleva, necesariamente, la negritud total.

Una de las virtudes de Shakespeare es haber abordado el tema de los celos con misericordia. No son unos celos irracionales, sino que vienen provocados por evidencias urdidas por Yago.

La versión de Yolanda Pallín es austera y limpia. Muy inteligible, hasta el punto de que nos parece un lenguaje actual, sin perder las descripciones poéticas de Shakespeare.  Ello colabora a que la función se haga digerible y nos lleguemos a meter en la trama, casi con un interés policíaco.

Si austera es la versión literaria, lo es también la representación. El original son 5 actos con un total 15 escenas repartidas entre calles, puerto de Chipre, castillo, salas del Palacio etc... Eduardo Vasco ha tenido el acierto, junto a la escenógrafa Carolina González, de crear un espacio escénico sin alaracas. Casi minimalista, pero muy significativo y expresivo, así como la transmisión de grandiosidad, con un toque operístico, conseguido mediante la altura.  

Lo mismo sucede con el bello y discreto vestuario de Lorenzo Caprile, que apunta la época sin ser una mímesis. En contraste con la negrura de los vestuarios masculinos, resplandece el de las damas, que en esta ocasión están reducidas a  dos: Desdémona (Cristina Adua) y Emilia (Lorena López). Bianca, la enamorada de Casio, ha sido absorbida por Emilia, que además de ser la esposa de Yago, la sirvienta de Desdémona, coquetea con Casio. Tal reducción no restalla en la historia. A lo más refuerza la desfachatez de Yago, que, aprovechándose de tal debilidad de Emilia por Casio,  utiliza a su mujer, engañándola, para urdir la intriga. A destacar también el vestuario final de Otelo en la escena de la muerte. Posee un gran sabor oriental, dibujando bien todo lo que supone el personaje, y el Oriente que corre por su venas. Se une, de este modo, al toque operístico de la escenografía.

Los personajes originales son un total 12, aquí se han reducido a 10. Se han suprimido a Graciano (hermano de Brabancio) y a la ya mencionada Bianca, enamorada de Casio). Además de estos personajes protagonistas, Shakespeare  indica: varios senadores, un marinero, un nuncio, un pregonero, alguaciles, músicos, criados, etc. En esta versión se ha reducido a un criado (Ángel Galán), que también desarrolla sus facultades musicales sobre el paino, único y discreto acompañamiento sonoro eficaz para ciertos momentos.

Visto todo así, podría decirse que este Otelo es como una Ópera de Cámara bien construida que nos mantiene el interés y nos permite adentrarnos en la esencia del teatro: el actor, su palabra y su acción, la cual encuentra su movimiento adecuado, sin caer en el estatismo.

Si esta concepción se basa en el actor y su palabra - la estética del teatro de Shakespeare es teatro de actor -, ello requiere una interpretación considerable. Se consigue en todos. La única diferencia es que aquellos personajes como Yago y Otelo, poseen tal protagonismo textual y de acción, que sobresalen de modo especial. Cada uno en su cuerda está brillante y creíble. Sus palabras resultan sinceras y no existe - algo ya trasnochado, gracias a Dios - ese narcisismo del antiguo actor recreándose en sus propias palabras como los oradores decimonónicos. Cristina Adua aporta una bella candidez, que contrasta con la monumentalidad corporal de Daniel Albadalejo, hasta el punto de evocar el mito de la Bella y la Bestia, aunque en Otelo la Bella no domestica a la Bestia. Aquella tiene que morir para que la Bestia se aplaque. Lorena López crea una Emilia muy convincente en su doble actitud, de sirviente discreta y acerada furia al conocer la falsead de Yago. Arturo Querejeta, encarna un espléndido Yago, que nos llega a repeler. Sabe mostrarse como una maligna serpiente. Acertada la escena inicial con Héctor Carballo, el cual interpreta a  un Rodrigo, que va muy bien con esa especie de ser enamorado, pero ingenuo y manipulable.  

La palabra "manipular" ha salido en varias ocasiones durante este comentario, y es que cuando nos topamos con Yago, comprobamos que no sólo manipula a Otelo, sino, también, a Rodrigo, Emilia, y en menor grado a todos los que le rodean. Es como el gran marionetista, hábil en manejar los hilos de su marionetas.

Miguel Ángel Camacho crea una espléndida iluminación, llena de sugerencias para los diversos estados emocionales, que  a su vez colabora en el desarrollo de las escenas, consiguiendo que algunas permanezcan de modo simultáneas.

Este Otelo posee la cualidad de que nos interesemos por la historia, aunque ya la conozcamos, como si de un "thriller" se tratase, así como la comunicación de una serie de emociones y temáticas que persiguen al ser humano "in eternum". Por eso, es un clásico.

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CRISTINA ADUA / LORENA LÓPEZ
FOTO: www.madridteatro.net

 

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  HÉCTOR CARBALLO / ARTURO QUEREJETA
FOTO: www.madridteatro.net

Título:Otelo

Autor:William Shakespeare

Versión:Yolanda Pallín
Música:Ángel Galán/Eduardo Vasco
Escenografía:Carolina González
Iluminación:Miguel Ángel Camacho

Vestuario:Lorenzo Caprile
Ayudante de dirección:Fran Guinot
Fotografía:Chicho
Producción :Miguel Ángel Alcántara
Distribución:Móvil (00 34) 610909562
Intérpretes:Daniel Albadalejo (Otelo), Arturo Querejeta (Yago), Fernando Sendino  (Casio), Héctor Carballo (Rodrigo), Cristina Adua (Desdémona), Lorena López (Emilia), Francisco Rojas (Ludovico), José Ramón Iglesias (Brabancio/ Montano), Ángel Galán (Pianista (Criado)

Dirección:Eduardo Vasco

Estreno en Madrid:Teatro Bellas Artes, 30 - VII - 2014 

 


José Ramón Díaz Sande
Copyright©diazsande



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